Esta semana me gustaría abrir un nuevo capítulo sobre curiosidades de Una dama en juego, en vista de que parece que la primera entrega os gustó. Siempre que he tenido ocasión, he dicho que para mí lo más importante de una novela que transcurre en un determinado momento histórico es el rigor de la ambientación. Cuidar los detalles del escenario en el que se desenvuelve la trama es fundamental para trasladar al lector al momento y ayudarle a vivir la escena; y digo escena no de forma casual, sino porque cuando escribo me gusta visualizar lo que escribo como si de una escena se tratase, para después describirla con precisión. En este proceso, los objetos cotidianos cobran un papel fundamental: no es lo mismo beber que beber en una copa de cristal de bohemia o beber en un vaso de plástico, por poner un ejemplo. Gran parte del tiempo de mi investigación lo dediqué a estos objetos: descubrir si se habían inventado, cómo eran, cómo se usaban. Hay muchos objetos cuyo uso damos hoy en día por sentado sin pararnos a pensar que su invención es relativamente reciente, o bien que, aún habiéndose inventado hace ya tiempo, puede que no siempre se les diera el uso que les damos hoy. Ya mencioné el caso de las servilletas de papel, que tuvieron que ser retiradas la novela, ya no tanto porque no existieran como porque hasta 1931 no se comercializaron para un uso habitual (de la mano, por cierto, de un tal Scott, fundador de la marca Scottex).

Confieso que me he divertido mucho investigando sobre objetos cotidianos, que he descubierto cosas que nunca hubiera imaginado y anécdotas muy curiosas, y que creo que sin estos objetos cotidianos Una dama en juego sería una novela algo más impersonal. Entre algunos de los que están recogidos (o eliminados) en las páginas del libro os cito los siguientes: la Coca-Cola, la Aspirina, el clip, el papel de celofán, el algodón de azúcar, los globos, la pluma estilográfica, el gramófono y los discos de baquelita, las tiritas… Animaos a descubrir vosotros algunos de ellos.

Si queréis saber más sobre la historia de los objetos cotidianos, desde los más absurdos como el chicle, hasta los más revolucionarios como la televisión, podéis consultar la siguiente página web http://www.ideafinder.com/home.htm. A mi gusto, una de las más completas y amenas para acceder de un rápido vistazo al origen de muchos de nuestros objetos de uso diario.

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