Voy a hablaros de alguien que se priva voluntariamente del alimento, que practica ritos depurativos y que se inyecta veneno bajo la piel, entre otros castigos corporales. No, no se trata de un monje asceta cristiano, ni de un sadhu hindú, ni siquiera de un sadomasoquista (bueno, según se mire). En realidad, me estoy refiriendo a alguien mucho más cercano y cotidiano: la mujer, género al que, en ocasiones, me enorgullezco de pertenecer a pesar de nosotras mismas.
Es hoy en día cuando se puede decir que las mujeres tenemos mayor control de nuestras vidas y mayor poder, sin embargo, tengo la sensación de que ese control y ese poder a veces se vuelve en contra nuestra. Nos hemos convertido en esclavas de nosotras mismas y de nuestras aspiraciones en muchos ámbitos; en el profesional y el familiar, sobre todo (daría para una tesis), pero también en el estético. Somo esclavas de nuestra belleza y, lo que es peor, de la de las demás. Y no hay esclavitud más despiadada, inhumana e irresoluble que la autoesclavitud.
Soy consciente de que me meto en un terreno espinoso y de que mucho de lo que aquí escriba puede ser polémico y rebatible. Aún así, estoy dispuesta a arriesgarme a recibir (y dar la bienvenida a) vuestras críticas.
Empecemos por sentar las bases de lo que es la belleza. La RAE define belleza como: “Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas“.De este modo consigue la RAE salvar bien la papeleta de definir algo tan complejo, intangible y subjetivo como la belleza. Pero ni la RAE ni nadie puede captar la esencia de la belleza. La belleza no es un concepto, es una sensación, incluso un sentimiento; la belleza es, sin duda, un estado de ánimo. Aspirar a la belleza es como aspirar a la bondad o a la felicidad: loable pero, perdonadme la expresión, jodido. Simone de Beauvoir decía que la belleza es incluso más difícil de explicar que la felicidad. Y si es difícil de explicar, cuánto más de alcanzar. Por supuesto que hay cánones estéticos y de belleza, pero, aunque válidos en una esencia mínima, son cambiantes y en absoluto universales (y si no, fijaos que la celulitis tuvo su momento de gloria).
Pues, bien, a pesar de lo visto y lo dicho, las mujeres nos empeñamos en dar caza a la belleza casi con más tesón que a la felicidad y empleamos en ello sufrimientos, privaciones y grandes sumas de dinero. Y yo insisto: ¿qué belleza perseguimos? Nadie lo sabe, por eso nunca estamos satisfechas. Si tenemos el pelo rizado, lo queremos liso; si estamos gordas, queremos estar delgadas y si estamos delgadas, queremos tener buena cara y unos senos turgentes; si tenemos el bolso de moda, queremos los zapatos de moda, o incluso los de moda del año que viene… Da igual, no hay saciedad posible a nuestros apetitos estéticos.
Y no me malinterpretéis, no promuevo con esto el aspecto descuidado y la falta de estética. Vale que la belleza está en el interior, pero también en el exterior, no nos engañemos. Por eso es tan importante cuidarse tanto por dentro como por fuera. Sería triste, incluso ingrato y señal de que nos queremos muy poco, si no sacásemos el máximo partido de nuestras virtudes físicas (todo el mundo las tiene); sería como no limpiar ni arreglar la casa cuando se estropea o como no cuidar el jardín y dejar que las hojas secas cubran el césped y las malas hierbas crezcan sin tino.
Ahora bien, lo importante es la motivación. ¿Por qué queremos estar bellas? Puede ser para sentirnos bien con nosotras mismas o únicamente para gustar a los demás, para lograr su admiración. En el primer caso, los esfuerzos por alcanzar la belleza no nos pareceran tan duros y siempre obtendremos una recompesa justa y satisfactoria: sentirnos guapas y sentirnos bien mejora nuestro humor y nuestra autoestima. Pero, cuidado, que sea nuestra autoestima lo que queremos mejorar y no la estima de los demás. Pretender sólamente la estima de los demás nos embarcará en una tarea imposible y frustrante, nos convertirá en esclavas de nosotras mismas, porque ya lo he dicho antes: no existe la belleza absoluta, lo que para unos es bello para otros no tanto o, incluso, nada.
Por lo tanto, mujeres del mundo, someteos a regímenes, tratamientos de belleza, cirugías estéticas y agotadoras sesiones de shopping, en la medida de vuestras posibilidades, pero hacedlo con un solo fin: vosotras mismas y vuestro bienestar. Eso sí, sed clementes con vuestro aspecto, quereos un poco más, y valorad y cuidad lo que tenéis, es vuestro mejor activo. Me aplico el cuento.





9 comentarios
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17 enero 2011 a 17:40
Aglaé
Es impensable para mí pensar que una chica como la de la primera foto pueda estar sana. No entiendo como si las medidas de la belleza para las misses están en 90-60-90 cuando quieren pasar al mundo de la moda las obligan a perder 10 kilos! Me gustaría pensar que lo hacen por ellas mismas pero se que no. Todo es mercado, da igual vender o venderSE… Intento encontrar un punto de convivencia con gente que no me respeta por mi aspecto pero pierdo los papeles.. No soporto la mediocridad de lo obvio, de la gente que te viene con un cuerpo estupendo y una preciosa sonrisa y no sabe quién es Maria Moliner. Creo que debe haber un equilibrio. No solo gimnasio también bilioteca… En fin, esclavas de las miradas liberaos!!! Os aseguro que cuanto más seguras os sintais, más bellas os verán…
18 enero 2011 a 14:09
carlamontero
Quien no respeta a los demás por su aspecto se está descalificando a sí mismo. No merece la pena perder el tiempo con gente así, no merece la pena razonar con irracionales. Y tienes mucha razón, Aglaé, cuanto más nos queramos, más nos querrán los demás. Es una pena que eso sólo se aprenda con la edad. Gracias por tu comentario!
17 enero 2011 a 19:09
Grace
Como bien dices tu, este tema da para mucho… pero básicamente estoy de acuerdo contigo. Yo me siento mal cuando los pantalones no me entran cómodamente y me dejan marca y no lo hago por nadie más que por mi misma. Si me siento mal, incómoda, pues va todo seguido: me pongo morada a chuches, embutidos, me dejo de echar cremas etc… y al final, estoy mucho peor, porque cae mi autoestima y con ella, todo detrás. Por eso me gusta estar bien básicamente por mi misma, aunque a nadie le amarga el que los demás te digan que te ven bien. A los hombres, básicamente, creo que les importa poco, al menos en mi caso lo único que importa es que yo sea feliz y si para eso debo verme bien, adelante.
En cuanto a las mujeres, creo que somos nuestras peores enemigas. Primero nos juzgamos duramente nosotras a nosotras mismas y luego entre nosotras. Supongo que hemos tenido que luchar tanto para conseguir lo que tenemos, que ello implica estar continuamente observando a las demás, a ver si alguna se sale de la norma, como judios conversos persiguiendose entre sí.
Anorexia… pues que decir… el estado prohibe fumar, pero no prohibe las tallas 32 en ropa de adulto…
Me ha encantado que sacaras a “Las 3 gracias”, je,je,je… BSS
18 enero 2011 a 14:07
carlamontero
No sé por qué, pero me has recordado esto: Cuál es la pregunta que más temen los hombres?: “¿Estoy gorda?” Saben que respondan lo que respondan, siempre va a ser incorrecto. Saben que es una pregunta trampa y se cortocircuitan.
Por cierto, cuando una se llama Gracia, ya está ligada a la belleza desde el nacimiento
17 enero 2011 a 22:47
Aldo
Hola Carla, pues, que puede decirte un hombre, en lo personal, soy latino y me gustan las curbas de las mujeres latinas, y si hay curba, a medida que pasan los años, hay, en menor o mayor medida celulitis, pero y que, somos felices con las curbas, piernas frondosas, cabus prominentes y bondadosa pechonalidad, jejejeje, con todo respeto, asi prefiero yo a una mujer, rellenita, no al exceso claro, pero es decir, que no se mate de hambre. Los canones de belleza actuales, sin lugar a dudas, esclabizan a la mujer a querer verse bien para todos los demas, luchar por la aprovación de su aspecto de todos los demás y casi siempre se olvidan del significado de “sentirse bien con sigo misma…”
18 enero 2011 a 13:58
carlamontero
Aldo, creo que no sólo a los latinos, sino a la mayoría de los hombres os gustan las mujeres con curvas. En realidad, la mujer extremadamente delgada sólo les gusta a las mujers y a los diseñadores de moda -que, en la mayoría de los casos, tienen más hormonas femeninas que masculinas-. Gracias por tu comentario!
29 enero 2011 a 18:33
Aldo
Muy cierto lo de los diseñadores es muy cierto jejejej. Bendiciones…
18 enero 2011 a 23:22
elsitiodeconcha
Hace poco leí un artículo de Mario Vargas Llosa, con el que me siento plenamente identificada.
Creo que hay que cuidarse sin llegar a la obsesión, y por supuesto saber vestirse. Es indudable que una gordita no puede llevar la misma ropa que una delgada, cada persona tiene que conocer sus limitaciones.
Con la edad a todas la mujeres nos cambia el cuerpo, aceptarlo, dentro de un límite vivir felices disfrutando de los placeres que nos da la vida.
Eso sí hay que intentar estar presentable, sobre todo por una misma, y si ves que estás engordando demasiado tener cuidado y ponerte a régimen una temporada.
Una cosa que odio son los desfiles de costura. Las modelos andan como tontas y están super flacas, He visto chicas jóvenes sin criterio imitarlas. No saben el daño que han hecho y siguen haciendo.
estoy de acuerdo en lo que Gracia dice, me ha gustado mucho su comentario, muy acertado.
19 enero 2011 a 13:52
carlamontero
Así es, Conchita, es importante conocerse y quererse, y saber sacar el máximo partido de lo que se tiene sin tiranías ni extremismos. Cada persona puede ser bella en su estilo sin tener que atenerse a iconos.