Tarde o  temprano tenía que acabar hablando de Halloween. Y es que ya está aquí y parece que ha venido para quedarse, no tanto como fecha, sino como tradición.

Mi primer recuerdo de Halloween se remonta a la adolescencia y vino de la mano del cine y la televisión. En nuestras películas y en nuestras series favoritas había siempre un episodio dedicado a Halloween, como lo había dedicado a Navidad. No sabíamos ni cómo se escribía ni cómo se pronunciaba esa fiesta extraña en la que se celebraba el miedo y el horror, lo oscuro y lo tenebroso. Con curiosidad, veíamos como en Estados Unidos la gente se disfrazaba de monstruo e iba por la calle pidiendo caramelos y como las casas se decoraban de negro y naranja como se decoran de verde y rojo en Navidad. Estos americanos debían de estar locos, pero parecía divertido.

Pues bien, hoy, no me como ni una e ni una l cuando escribo Halloween. Celebro fiestas para mis hijos y los disfrazo de seres espectrales. Vaciamos juntos las calabazas -confieso que, la primera vez, compré una calabaza maciza e intenté vaciarla ingenuamente; fui víctima de la ignorancia más atrevida, no sabía que las calabazas de Halloween son especiales, son casi huecas-. Y en casa ya hay un rincón destinado a la fiesta del miedo, con todos los murciélagos de cartón y las arañas de plastilina que cada año hacen en el cole.

Algunos dicen que es una americanada, una importación más de una cultura ajena que nos devora, otra forma de colonialismo moderno. Francamente, yo no le doy tantas vueltas. Creo que se pueden importan cosas mucho peores de los Estados Unidos y que, en ocasiones, nos colonizan con costumbres y modos de vida más deplorables. Después de todo, ¿qué hay de malo en reírse del miedo? ¡A los niños les encanta! Prefiero eso a peregrinar con cara contristada al cementerio para honrar a mis familiares fallecidos, a los cuales ya honro y recuerdo en cualquier momento del año. Eso no quita para que en mi casa el postre del día 1 de noviembre, el día de Todos los Santos, sigan siendo los buñuelos y los huesos de santo. Lo siento, me quedo con la parte alegre, divertida y dulce de cualquier tradición.

Además, Halloween, aunque nos pese, tiene parte de sus raíces en el Cristianismo. La propia palabra, Halloween, es una derivación de la expresión inglesa All Hollow´s Eve, noche de todos los Santos. Eso sí, como la mayoría de las fiestas cristianas, que tuvieron que abrirse camino en un mundo dominado por tradiciones paganas, el origen de la celebración de Todos los Santos se encuentra en la tradición celta, en una fiesta llamada Samhai  (pronunciada sah-win). Para los paganos, Samhai era la época para aprovisionarse y prepararse para el invierno. También durante Samhai, la noche del 31 de octubre, se creía que desaparecían las fronteras entre el mundo de los vivos y los muertos y las ánimas vagaban por la tierra provocando enfermedades y propagando la tragedia. En esa época se apagaban todos los fuegos del hogar, algunos dicen que para que resultasen fríos y poco acogedores y las ánimas pasasen de largo. En realidad, el Samhai marcaba el comienzo del invierno y del año nuevo para los celtas, y el ritual para dar la bienvenida al año que llegaba consistía en extinguir las hogueras y volver a alimentarlas de una fuente común: el fuego de los Druidas, que ardía permanentemente en Usinach, en el corazón de Irlanda. Lo cierto es que, para la antigua tradición pagana, es una época llena de magia, propicia para las leyendas oscuras, las profecías y la adivinación.

Se cree que los emigrantes irlandeses que se asentaron en Norteamérica a finales del siglo XIX fueron los que llevaron consigo estos rituales. Allí se mezclaron con otras costumbres (por ejemplo, el empleo de las calabazas, fruto desconocido en Europa antes de que Colón llegara al Nuevo Mundo y que, sin embargo, eran muy habituales en la cultura de los indios aborígenes), y, durante el siglo XX, se aderezaron con un poco de marketing al estilo americano y un toque de Walt Disney, dando lugar al Halloween tal y como hoy lo conocemos.

Sea como sea, parece que All Hollow´s Eve regresa a la Europa de la que vino, así que os deseo un feliz, dulce y terrorífico Halloween.

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