No me gusta la palabra cerrado para este caso. Sería más apropiado suspendido, pero es que a mí suspendido siempre me suena a insuficiente en matemáticas.

Pero, en fin, así es: cierro -o suspendo- temporalmente el blog. Y lo cierro por obra o, lo que es lo mismo, por causa de la novela en la que estoy ahora mismo (iba a decir inmersa… ¡ya me gustaría!).

Lo cierto es que me falta tiempo para estar en todo. Como aconsejan los seminarios de management, he tenido que priorizar y he llegado a la conclusión de que no está bien dejar de dar de comer a mis hijos o abandonarlos en el colegio, de modo que ellos son los primeros. Los primeros ladrones de mi tiempo: después de ellos ya no hay tiempo para casi nada, y el que me queda se lo tengo que dedicar al libro. Me he dado cuenta de que día que escribo el artículo del blog, día que no escribo el libro (hoy, por ejemplo) y he llegado a un punto en que la actualización semanal del blog ya no es sostenible. Pretendo tener terminado el primer borrador de la novela para Semana Santa. Es necesario si quiero que el libro esté listo para final de año. Estoy en una fase crítica y no me puedo permitir escatimar a la escritura ni un minuto de los ya pocos que le dedico.

Voy a echar de menos este encuentro semanal con vosotros, lo sé. Pero como dijo el general McArthur al marcharse de Filipinas: volveré. Es una amenaza en toda regla.

Gracias por leerme, por seguirme y por compartir conmigo mis pequeñas neuras.

Y, recordad, esto es sólo un hasta luego.

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