Pues sí, por fin. Ya está. Se acabó el escribir sobre páginas en blanco: la historia ya está hilvanada. Ahora ya sólo queda reescribir sobre páginas escritas, ordenar, revisar, intentar mejorar, corregir, autocriticarme y cuestionarme hasta una simple coma. Siempre lo digo, un libro es como un hijo: después del parto, la cosa no ha hecho más que empezar. Así que me voy a ello…

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