Pues sí, ya sé cómo se escribe mi nombre en cirílico. Está en la portada de la edición rusa de Una dama en juego, que aquí os dejo como curiosidad.

Confieso que, aunque cuando lo veo tengo la extraña sensación de que este libro no tiene nada que ver conmigo, me produce cierto orgullo contemplar una edición tan peculiar. Nunca imaginé que la historia de mi dama acabara traducida al ruso, pero me gusta… Ahora, espero que también les guste a ellos.

 

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